sábado, 15 de mayo de 2010

SI SU BEBÉ NO GATEA EL CEREBRO PUEDE DESARROLLARSE MAL

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Hoy la mayoría de los bebés ni se arrastran ni gatean lo suficiente. Pasan casi sin solución de continuidad de la inmovilidad a estar de pie y corriendo. Salvo en casos excepcionales, no se les da la oportunidad de moverse a sus anchas por el suelo porque están en taca-tacas, parquecitos de diversos tamaños, sillitas, tronas o los acogedores brazos de mamá. Y se trata de un tremendo error que puede causar multitud de disfunciones importantes cuando esos niños crecen.

DISTINTOS NIVELES, TODOS NECESARIOS
Como sabe el lector, el primer nivel de organización cerebral del movimiento consiste en mover los miembros del cuerpo por separado. Esto lo hacen los bebés ya desde la cuna. Es un nivel organizativo muy primario al que sigue otra fase que es el arrastre. En este nivel, los niños se impulsan con uno o ambos brazos y con una o ambas piernas para desplazarse. Periodo de arrastre que culmina con el arrastre en patrón cruzado (brazo derecho sincronizado con pierna izquierda y al revés), momento en el que empiezan a establecerse conexiones a través del cuerpo calloso cerebral -la estructura que posibilita la coordinación entre los dos hemisferios cerebrales- para que pueda aparecer el gateo, que es el siguiente nivel de organización motora.
El gateo desarrolla la visión, la tactilidad, el equilibrio, la propioacepción, el movimiento grueso o desplazamiento con el cuerpo y el movimiento fino o manualidad, la orientación y discriminación espacial de fuentes acústicas y la futura capacidad de escritura en un solo ejercicio. Además integra los diferentes subsistemas del movimiento que componen otros muchos más complejos como andar, correr, jugar al fútbol, al tenis, etc. Por tanto, si el gateo se desarrolla correctamente se favorecen las conexiones futuras de todo tipo entre los dos hemisferios cerebrales. Y de estas conexiones depende el correcto desarrollo de funciones cognitivas y de movimiento más complejas.

LA IMPORTANCIA DEL GATEO
A la somera enumeración de algunos de los argumentos que permiten afirmar la trascendencia que para todos los órdenes del desarrollo humano tiene la fase del gateo podemos añadir, ya de forma más detallada, estos otros:

1) El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información.
El gateo es una de las bases fundamentales para el desarrollo cerebral y educativo del niño. Crea rutas de información neurológicas entre los dos hemisferios, es decir, facilita el paso rápido de información esencial de un hemisferio a otro. Las rutas creadas no sólo valen para sentar las bases de las funciones superiores de movimiento sino que son precursoras de conexiones que servirán para, a su vez, crear otras conexiones entre los dos hemisferios y que son cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.

2) Desarrolla el patrón cruzado.
Este patrón es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal organizado y en equilibrio del cuerpo humano. Implica que el brazo derecho va sincronizado con el pie izquierdo y el brazo izquierdo con el pie derecho. Se llama patrón cruzado porque hay dos ejes cruzados. Mediante el apoyo en equilibrio sobre las dos extremidades opuestas el ser humano puede desplazarse, avanzar las dos extremidades del otro eje y, al tiempo, encontrar nuevos puntos de apoyo que serán la base del siguiente desplazamiento.
Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros. Estas articulaciones se mueven en rotaciones contrarias entre sí al avanzar gateando y crean una torsión relativa de la columna en cada sentido en función del eje actuante. Dicha torsión posiciona correctamente y sin sufrir presiones extrañas las vértebras y los discos intersticiales, además de tonificar adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente erecta cuando esté maduro para poder ponerse de pie
3) Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo.
Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno. Por un lado, el sistema vestibular activa la emisión de señales de los dos laberintos del oído al cerebelo para que el cerebro sepa constantemente en qué posición está la cabeza y así tenga un punto imaginario que le permita luego referenciar (colocar) todo el cuerpo respecto a esa posición. Este sistema vestibular se integra y complementa con el otro que hemos mencionado: el propioceptivo. Lo que se denomina propioacepción consiste en saber dónde están todos y cada uno de los puntos del propio cuerpo, lo que permite mandar órdenes precisas a cada uno de ellos y llegar a moverlo, así como cada una de sus partes con las otras de forma armónica y rítmica. Por tanto, gracias a los sensores vestibulares alojados en la cavidad auditiva el niño sabe dónde está su cabeza y coloca y ordena en su imagen cerebral toda la información que va recibiendo del cuerpo. Esto le permite modular con precisión increíble la secuencia de cualquier movimiento.
Para entender esto más rápidamente el lector puede imaginar que tuviera una pierna dormida que no mandara información al cerebro o que, aunque lo hiciera, no le llegara por no tener suficiente riego sanguíneo. No podría andar porque no sabría dónde está la pierna. Buen, pues de que uno sepa "dónde tiene cada uno de los miembros que lo constituyen" se encarga el sistema propioceptivo.

4) Desarrolla la convergencia visual y posibilita el enfoque de los ojos.
Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño converge o enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Cuando mira a dónde va, a unos tres metros por lo menos, coloca con los ojos la convergencia en un punto infinito. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos que facilita la acomodación visual. Y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños. También parece que los ojos vagos están relacionados con un mal desarrollo de las convergencias.

5) Desarrolla la oposición cortical.
En el gateo, la cabeza está en un plano y la palma de la mano en otro. El niño siente la tactilidad de la palma que está viendo. Esto es fundamental para desarrollar luego la oposición cortical -es decir, en la corteza del cerebro- de que el dedo gordo de la mano se opone a los otros cuatro. El desarrollo de esta función en las manos es la que permite servirse de ellas y asir los objetos. Y esa manualidad fina es esencial para luego poder escribir. Además, al masajear la palma de la mano ésta envía información al cerebro de dónde está y de las diferentes sensaciones que va sintiendo al moverla y apoyarse, así como de los estímulos producidos por la textura y otras características del medio que está presionando. Por otro lado, al gatear el niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.

6) Le ayuda a medir el mundo que le rodea y el niño se adapta al medio
La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es una medida fundamental -la braza- en todas las civilizaciones. Con esa nueva medida corporal el niño mide el mundo circundante y se adapta más eficientemente al medio porque lo mide constantemente y va retomando información espacial ordenada. Por eso cuando se entra de mayor en una casa donde se pasó la infancia uno la percibe como más pequeña de lo que era porque entonces la propia medida de la braza era menor.

7) Ayuda a establecer la futura lateralización.
En el nivel de desarrollo posterior al gateo comienzan los primeros procesos corticales de lateralización. Con él uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor para no tener que operar con ambos a la vez. Al conectar los dos hemisferios gracias al gateo se facilita acudir más rápidamente a funciones más complejas que requieren de ambos hemisferios y de áreas cerebrales no simétricas y diferenciadas. Un niño pequeño que va a coger una naranja echa las dos manos a la vez porque la orden llega simultáneamente a los dos hemisferios. Un niño con un nivel de organización superior coge la naranja que le mandan rodando con una mano o con otra dependiendo de si está a un lado o a otro, o de si está en un nivel superior de organización (de si es más diestro o más zurdo).

8) Ayuda a poder escribir en el futuro.
Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir. Por tanto, el gateo favorece decisivamente la aparición temprana de ambas funciones -leer y escribir- con los beneficios adicionales que ello conlleva intelectualmente.

CÓMO PROMOVER EL GATEO
Desgraciadamente, a pesar de que se sabe que el movimiento tiene una importancia esencial en el desarrollo funcional de la persona, no hay ninguna línea o escuela que lo fomente como mecanismo de desarrollo de la organización cerebral infantil excepto la iniciada en 1930 por el doctor Temple Fay y de la que soy directo sucesor. Por eso en la institución que dirijo damos al gateo la importancia que sabemos que tiene y fomentamos su desarrollo. Si tiene un bebé, le recomendamos lo siguiente:

-Busque un suelo limpio, liso, seguro, acogedor, cálido y mantenga al pequeño en él todas las horas que le sea posible pero, al menos, una hora al día. Entonces, él solito empezará a aprender. Y si no lo hace en Institutos Fay conocemos las técnicas de estimulación necesarias para un desarrollo armónico integral del cerebro gracias al cual aprende primero a arrastrarse y luego a gatear.

-No le fuerce a ponerse de pie. Si no está preparado le creará inseguridad. El niño es consciente de que se le lanza un desafío para el cual no está preparado y fracasa. Lo mejor es que empiece a andar por sí solo, primero dos pasitos, luego tres... Hay que entender que en el gateo el niño se apoya en dos puntos pero para ponerse en pie ha de estar lo suficientemente bien organizado cerebralmente como para apoyarse en un solo punto -el pie- y mantener el equilibrio. Poner de pie al niño, sentarle en una sillita o montarle en un taca-taca sin que tenga la musculatura preparada para mantener el tronco erecto hace trabajar incorrectamente a un sistema que no está maduro y en muchos casos provoca deformidades en la columna como la escoliosis.

-Uno de los sitios que le hace ponerse de pie es el parquecito pero no desarrolla el gateo. No está mal tenerlo un ratito ahí pero luego hay que dejar que el niño gatee, que recorra la casa, que es lo mejor. Puede utilizar el cochecito para llevar al niño de un sitio a otro cuando todavía no ande pero evite abusar de estos y otros aparatos que retardan el desarrollo del movimiento.

-Lo mejor es permitir que maduren y se asienten las fases previas al andar, que son arrastrarse y gatear. Si estas fases han sido desarrolladas correctamente cuando el niño se ponga de pie no tendrá problemas. Si no gatean no es que no se logre la organización cerebral pero normalmente se retrasará el desarrollo.

-Gatear persiguiendo una pelota es mucho más efectivo que poner una alfombra colorida en el suelo porque cuando el niño es capaz de converger con los dos ojos el proceso superior es el seguimiento visual que estimula el desplazamiento del pequeño en persecución de un objeto que se mueve.

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QUE GATEE A SUS ANCHAS
Es muy típico que los niños que se ponen de pie sin tener desarrollado todo el sistema se queden como confundidos, miren alrededor, se asusten por no lograr mantener la posición tan perturbadora, bajen al suelo y pasen de nuevo una temporada gateando. Cuando el sistema de funciones cerebrales necesarias esté lo suficientemente maduro por sí mismo o convenientemente estimulado, el propio niño se pondrá de pie. Los primeros pasos suelen aparecer alrededor del año de vida. Entre los 16 meses y los dos años se afirma la bipedestación. Pero no pasa nada porque el niño alterne gateo y bipedestación. Y no sólo no pasa nada sino que, además, ésta es la técnica -el gateo convenientemente modulado- que utilizamos en Institutos Fay para acelerar la organización cerebral en niños sin problemas o en niños o adultos que presenten alguna dificultad visual, de coordinación, cuando las caderas no están bien formadas porque el niño haya carecido de la oportunidad de arrastrarse y gatear, por malformación o no formación del cuerpo calloso cerebral, etc. A todos los ponemos en el suelo para que gateen a sus anchas porque, insisto, sabemos de la trascendencia del gateo, una actividad que puede parecer primaria y básica pero que es fundamental para nuestro desarrollo completo como seres racionales.


Carlos Gardeta Oliveros
Director de "Institutos Fay para la Estimulación Multisensorial"

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